HERMANOS MAPUCHES

sábado, abril 04, 2009

UN POCO DE HISTORIA




LA IGLESIA Y LAS DICTADURAS

Arrodillado, el dictador Francisco Franco oró unos instantes. El Obispo de Madrid, Leopoldo Eijo y Garay, le había dicho en la iglesia de las Salesas: "Nunca he incensado con tanta satisfacción como ahora lo hago con Vuestra Excelencia".
Era el 20 de mayo de 1939, apenas un mes y medio después del fin de la Guerra Civil, y el Caudillo, triunfante, entregaba al Primado de España, el cardenal Isidro Gomá, su espada como símbolo de la "victoria" sobre la República.
El mismo 1 de abril en que se publicó el último parte franquista de guerra, el Papa Pío XII se apuntaba el tanto y enviaba al dictador un telegrama: "Agradecemos deseada victoria católica. Hacemos votos porque este queridísimo país emprenda con nuevo vigor sus antiguas cristianas tradiciones". A ello se aplicaron los obispos, a los que Franco no tuvo que pedir su adhesión. La jerarquía eclesiástica la ofreció gustosamente desde el primer minuto del Golpe de Estado de julio de 1936.
Enrique Pla y Deniel, que sustituyó a Gomá al frente del Episcopado tras su muerte, en 1940, consideraba la guerra una "cruzada", y "necesaria".
La Iglesia vivió con horror la llegada de la República. "Hemos ya entrado en el vórtice de la tormenta", escribió Gomá al cardenal Francesc Vidal justo el día siguiente de la proclamación de la democracia, el 15 de abril de 1931. La jerarquía perdió con la salida del rey Alfonso XIII sus privilegios y muchos entendieron que sufrían una persecución abierta. "En el universo cultural del clero español, el catolicismo sólo podía coexistir felizmente con un régimen autoritario", sostiene Julián Casanova, autor de la monografía Víctimas de la Guerra Civil.
El Papa, en un mensaje radiofónico en español, calificó a Franco de "garante de la justicia", según el mismo diario el 18 de abril de 1939.

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